Estoy en el aeropuerto de Atlanta, le llamo a mi chica y le digo que llegando a Nueva York lo primero que haremos juntos será visitar el MOMA. Me dice que no sabe qué es el MOMA y le pregunto ¿Cómo chingados no sabes? También le comento que seguramente no ha hecho nada más que ir a clubs con sus amigas, unas putitas coreanas, donde ponen música de David Guetta, confirma mis sospechas colgando la llamada.
Son las 8pm, llego al aeropuerto de La Guarda, al norte de Queens, mi chica no me recibe y por supuesto no contesta mis llamadas. Tomo un pinche bus hacia West Village, al sur de Manhattan y luego el metro, tengo un amigo que vive allí, un fresa que iba conmigo en primaria y se ligó a una ricachona que estudia allá para que no la secuestren en México.
Los dos viven en un Loft carísimo, por fin llego al lugar, encuentro a mi amigo hablando sobre un teléfono afuera de su edificio, me voltea a ver con una sonrisa borracha. Se alegra de verme y dice que me veo bien, yo también pienso que se ve bien, si no fuera porque su atuendo es de cowboyster, apestoso a Corona y con unos lentes de pasta dura roja que no necesita. Le digo que necesito quedarme unos días y me dice que no es posible, que su cuñado irá de visita y se hospedará con ellos, pero que me quede con un cuate suyo por 15 dólares la noche, sólo tengo que compartir habitación con 4 heroinómanos. No tengo nada contra el hielo pero mejor pienso en buscar un lugar por mi cuenta. Me dice que le llame más tarde para ir al Cielo, uno de los antros más fresas de NYC.

Robando Wi-Fi de un Starbucks mi iPad encuentra un hostal por 35 dólares en Brooklyn. Compro por 29 dólares un boleto semanal para andar en metro y tomo 2 vagones hasta allá, es viernes y las líneas están casi vacías. Hay un montón de ratas en el subterráneo y combinan bien con los vagabundos que duermen en los pasillos. Me bajo en Morgan Ave, Brooklyn en todo su esplendor, salgo a un callejón horrendo, con unos cubanos y unos negros muy sospechosos, giro en Varet St, llego al “New York City Hostel” el lugar está muy cool y limpio, pago y llego a la habitación, en teoría 5 vatos más duermen ahí pero no hay nadie, aviento mi mochila en una cama desocupada y me largo.
Le mando un SMS a mi ruca, “Dnd estas?”, sigue sin contestarme, le llamo a mi amigo, está marihuano y muerto de risa, me dice que nos veamos en Little West 12th Street. Entro al subterráneo, me meto en un vagón, saco mi libro de “Trópico de Cáncer” de Henry Miller, un trío de franceses aprueba mi lectura. Bajo del metro, camino unas calles y llego a Little West 12th Street, me espera mi amigo en una esquina, me invita a pasar al Cielo, un antro que estaba lleno de putitas asiáticas con dinero y música de David Ghetta.
Luego de tomar Jagger un buen rato noto que no llega la novia de mi compadre, me imagino que lo tronaron y que su vida de Playboy está por terminar, que ni siquiera tiene departamento, me importa un bledo, me irrita tomar jagger y quiero ir en busca de whisky. Le digo al oído que sé que está dolido y que para ahogar las penas en whiskito me lleve a los peores lugares de Nueva Yo rk. Su corazón roto no le deja opción, acepta.
Tomamos el metro, nos bajamos en el barrio chino y caminamos hasta el Mars Bar en East 1st Street. El lugar era más asqueroso que los baños de la central de camiones de Monterrey y la zona de tolerancia de Reynosa, estaba lleno de rockeros y negros amenazantes de 2 metros con abrigos andrajosos. En una esquina un tipo que creí era un pendejo con un guitarra y una armónica tocó un folk digno de Dylan y transformó ese infiernillo que era el Mars Bar en el puto cielo.
El siguiente lugar al que me lleva mi amigo era a una cuadra, se llama The Hole, el antro es para gays y está lleno de musculocas negros y lesbianas rockeras. Pido una Guinness de barril y atino, sabe deliciosa, es como beberse un chocolate. Estoy un poco borracho y noto como empieza la mala vibra en el bar, unas lesbianas comienzan a jugar apuestas en vencidas.
La campeona de la noche es una señora chopper que me hizo dudar de los orígenes del brazo tamalero. Yo y mi amigo jugamos y nos despedaza el brazo, no es una señora, es una máquina.

Son las 2am llega al bar un tal Joshua, un mexicoamericano que conoce mi amigo, el tipo nos ofrece cocaína, mi amigo se la mete de inmediato. A nuestras espaldas unos negros empiezan a hablar mierda entonces nos salimos del lugar.
Yo no me meto cocaína, no tengo nada contra el perico pero no sé, no es lo mío. Ya en el subway mi amigo y Joshua venían haciendo bajezas, entonces me parece apropiado mandarle un mensaje a mi novia.
No encuentro mi celular en los pantalones, probablemente lo había dejado en “The Hole” me despido de mi amigo y me bajo en la estación siguiente. Me cruzo por entre los rieles hacia el otro lado de la estación. Tomo el vagón que va de regreso. Salgo a Chinatown, camino hacia The Hole, cuando llego ahí aún estaba una de las lesbianas que jugaban vencidas, le pregunto por mi celular, no lo ha visto, las meseras tampoco saben nada ni la chica de la barra. Una chica se me acerca y me pregunta porqué estoy tan desesperado y qué estoy buscando.
Respondo como buen borracho: My girlfriend…I mean my phone is lost.
Me mira con lástima y me dice: If is not in your pocket you won’t find it, is lost in NYC.
twitter – @javiersantacruz
















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